Este es un documento que lleva apareciendo por varias webs desde hace años. Se trata de una propuesta de Alan Moore realizada a mediados de los 80 para un crossover que afectase al Universo DC y que, en su estructura, emularía al Secret Wars 2 (esto es, una maxiserie de 12 números publicada a lo largo de un año, cuyas consecuencias se dejarían sentir simultáneamente en las demás publicaciones de la editorial).
El texto no es sólo la descripción de un muy buen proyecto, sino que sirve para comprender y aprender bastante de la forma de razonar de Moore y del mundo editorial en general. Es una lectura realmente recomendable para todo aquel que no lo haya leído aún.
Iré colgando por partes la propuesta, separándola temáticamente. Recomiendo no saltarse nada; aunque es posible omitir “el divagar interminable” y empezar directamente por la descripción del crossover, creo que ese texto introductorio es tan interesante por sí mismo como la historia que la serie iba a narrar.
No recuerdo quién realizó la traducción al castellano, yo me he limitado a releerlo y corregir algunas expresiones y faltas ortográficas y de estilo, pero siento decir que no puedo citar aquí, por ignorancia, al responsable de la magna labor de traducir el texto original.
Para empezar, un texto a modo de prólogo que apareció en la primera web en la que esta megacarta de Moore fue publicada, sobre la autoría de la misma:
“Muchos han cuestionado la autenticidad del documento, así que fuimos directos a la fuente:
Alan Moore: Sí, lo escribí justo antes de dejar DC; entonces en los 80 querían que hiciera un gran crossover y sugerí hacer este crossover situado en el futuro y bla, bla… Se lo mandé y, aunque en su momento lo ignoraba, lo copiaron y se lo dieron a sus editores, e imagino que los editores lo fotocopiaron y lo pasaron por la oficina y en algún punto del camino alguien pensó en subirlo a Internet. Supongo que así es como pasó.
Recuerdo que la sinopsis tenía ideas divertidas y algunas de ellas no se plasmarían en el comic. Había un par que estaban muy bien, como Congo Bill con su mente en el cuerpo de un simio, y el cuerpo humano simplemente abandonado en un armario…
Mania: Que se negaba a morir.
Alan Moore: Sí… habría habido algunas cosas buenas pero es algo que se abandonó hace diez años. Sin embargo, al parecer ha estado despertando cierto interés en Internet.
Mania: Estuve fascinado al leerlo; me pregunto si podríamos hacerte llegar nuestra versión para asegurarnos de que es correcta,si podríamos imprimirla en nuestra revista, que es una revista online, que es una cosa de Internet.
Alan Moore: Bien, no tengo ningún problema con ello pero hasta donde yo sé probablemente es DC quien posee los derechos. Poseen todos los personajes que se mencionan en ella. Esto es algún tipo de maniobra pirata, ¿no? Lo que me parece genial porque si DC la posee, estoy encantado de destriparlos. Sin duda, colgadlos hasta que se sequen. La cosa es, tienen abogados muy venenosos y no querría que nadie se metiera en problemas por ello. Tenéis seguro mi permiso para publicarla pero de nuevo yo probablemente no la poseo, así que tened cautela“.
Lo dicho, comienzo ahora la publicación por partes de Crepúsculo, una grandísima historia que habría sido posiblemente el mejor crossover de la Historia, si DC no lo hubiese arruinado, con la primera parte de la carta, El Divagar Interminable, en la que el escritor se explaya sobre cómo entiende él la idea de un crossover, de las posibilidades artísticas y, sobre todo, comerciales del mismo, y de cómo enfocarlo de cara a los fans, entre otras cosas.
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EL DIVAGAR INTERMINABLE

Bien… Estoy seguro de que esto va a ser un divagar interminable como suelen serlo estas cosas, pero primero quiero depositar mis pensamientos sobre la idea en general de crossovers en masa, en parte en respuesta a la carta de Paul [Levitz, entonces Editor DC y Guionista de la Legión de Superhéroes] sobre el tema y en parte sólo para aclararme a mí mismo mis ideas. Con optimismo, en alguna parte podríais vislumbrar algo de la lógica tras el argumento de la historia que sigue y por tanto ser capaces de entender algo más mis razones para hacerlo así.
Primero, al ver el lado comercial, tomando en cuenta lo que Paul fue tan amable de pasarme, el perfecto crossover en masa sería algo así como lo que sigue: tendría una razón lógica y sensible para cruzarse con otros títulos, para que los lectores que fuesen impulsados a probar un nuevo título como resultado del crossover o viceversa no se sintiesen timados por algún tenue lazo de argumentos que fuese en el mejor caso espúreo y en el peor inexistente. Proporcionaría un fuerte y resonante trampolín desde el cual lanzar un número de nuevas series o con el cual revitalizar algunas viejas en un modo que no fuera obvia y crasamente explotador con el que insultar la inteligencia del lector. Con un ojo en el merchandising que Marvel consiguió derivar de Secret Wars*, creo que es seguro asumir que si fuera posible derivar creíblemente juegos de rol, juguetes, posters de “Esperando el Crepúsculo” y camisetas y chapas y todas esas cosas del título, entonces sería una buena idea también. Idealmente podría incluso ser posible, a la vez que atraer al yonqui superheroico duro, producir una idea central de la historia simple, poderosa y lo bastante resonante para soportar la traducción a otros medios. Quiero decir, puede que aún esté intoxicado por el trato con Watchmen, pero nunca hace daño dejar estas cosas como una posibilidad, ¿verdad?
Bien, entonces asumiendo que lo anterior es un resumen preciso de lo que, idealmente, a DC le gustaría que pasara con el título comercialmente, haré frente a las otras áreas pertinentes de interés con un ojo en ello y con suerte lo uniré todo al final antes de pasar al argumento en sí. Si no lo consigo y simplemente se me olvida y me voy por la tangente o algo así, entonces me temo que tendré que pediros que me aguantéis. Mientras no empiece a hacer asociación libre de ideas con mi infancia creo que iremos bien. La primera de estas áreas pertinentes se relaciona con el efecto de la historia en relación con el Universo DC en sí mismo, y en respuesta a esto me imagino que quizás debería bosquejar brevemente mis ideas sobre los crossovers de esta magnitud en general.
Por un lado, requieren pensar mucho y anticipadamente si no van a generar más problemas que los que resuelven, y al pensar en algo que afectará a todo título que la compañía publica, aun sólo en modos sutiles, uno obviamente debe ser cuidadoso. Debería decir que aún, aunque he visto los argumentos, no he leído nada de Legends [la miniserie DC, no el sello Dark Horse] o sus crossovers, sobre todo por la razón de no haber ido a una tienda de cómics recientemente. La premisa, si la entiendo correctamente, tenía buen aspecto: parecía intentar dar un tipo de contexto mítico resonante al panteón DC y al mismo tiempo establecer un contexto social más vigoroso para los personajes reunidos en términos de su argumento, reuniendo la entera continuidad DC en un todo interesante, que es exactamente lo que necesita hacerse como consecuencia de la Crisis **. Cuanto más podamos reforzar la idea del Universo DC como un concepto mágico y fascinante en sí mismo, suponiendo que esas sean nuestras metas, más triunfantes seremos en mantener a los lectores enganchados a ese universo y a las colecciones que relatan sus varios fenómenos.
Por supuesto, esta aproximación no se libra de problemas. Si no lo haces bien, si tu multitud reunida de personajes parece meramente banal, como personalmente creo que pasó con Secret Wars (aunque puede que sea un mero prejuicio personal por mi parte), entonces tu entera continuidad se abarata a largo plazo junto con su credibilidad, sean cuales sean los beneficios comerciales en término de ventas a corto plazo. Cuando esto pasa, tu único recurso son mayores envilecimientos para atraer la atención del lector, más muertes para satisfacer al elemento “circo romano” en el mercado de los fans, eventualmente degenerando en una feria de monstruos. También están las heridas no intencionadas en la lógica interna que pueden infligirse involuntariamente en la continuidad en masa por tal empresa, sean cuales sean los méritos individuales de cada creador o sus esfuerzos, puramente por los vastos problemas organizativos que un proyecto de este tamaño parece encontrar. Para explicar lo que quiero decir, debería fijarme quizás en una serie que he leído, la excelente Crisis en Tierras Infinitas de Marv [Wolfman] y George [Pérez]. Aunque el motivo era puro y la meta cierta con relación a Crisis, no puedo evitar sentir que en algún punto del camino, en el intento de consolidar y racionalizar el Cosmos DC, se creó una situación aún más potencialmente desestabilizadora y precaria. En vez de la cosmología de Tierras paralelas que era, si el lector era lo bastante sensible como para pasar por alto obvias discrepancias como lo que eran (simples errores), relativamente fácil de entender, como consecuencia de la Crisis y los relacionados impactos sísmicos sobre la continuidad como los títulos de Superman de John Byrne tenemos una situación mucho menos definida y precisa. Como consecuencia de la alteración temporal al final de la Crisis nos hemos quedado con un universo en el que la entera continuidad pasada de DC, en su mayor parte, nunca ocurrió. Aunque tengo entendido que Paul está intentando arreglar los problemas Legión/Superboy en este momento en LSH, y otros escritores se las ven con discrepancias similares, el hecho es que la mayor parte de la continuidad DC tendrá que ser borrada y considerada uno de los agujeros de la memoria de Orwell *** junto con una gran cantidad de personajes que, más que estar muertos, son no-gente.

[Portada del tomo recopilatorio de Crisis, obra de George Perez y Alex Ross]
Creo que esto es peligroso por un par de razones. Primero, al establecer el precedente de alterar el tiempo, estás estableciendo un contexto inconsciente para todas las historias que tengan lugar en el futuro, así como para las que tuvieron lugar (o no lo tuvieron) en el pasado. Los lectores habituales, en algún momento, van a sentir que todas las historias que siguieron ávidamente durante sus años de relación con la colección han sido de algún modo invalidadas, que todos esos incontables argumentos no llevaban a nada más que a lo que es en algunos aspectos nada más que un punto de corte arbitrario. Por extensión, los lectores de hoy día podrían quedarse con la sensación de que las historias que leen actualmente son menos significativas o importantes porque, después de todo, dentro de diez años alguien omnipotente del cómic, sea un editor o el Espectro, pueden volver en el tiempo y borrarlo todo, listo para empezar de nuevo. Yo mismo sentí algo similar en la primera película de Superman, cuando le da la vuelta al tiempo para salvar a Lois. Arruinó el pequeño pero genuino disfrute que obtuve de esa primera película y destruyó toda la credibilidad para las futuras secuelas por lo que a mí respecta.
Sé que el lector medio de ocho años en la calle no piensa estas cosas conscientemente al comprar su tocho mensual de títulos. Probablemente el lector medio de diecisiete o veinticinco tampoco, aunque eso está más abierto a discusión. Lo que quiero decir es que las enormes y enormemente incomprensibles mareas de gusto o rechazo del público que determinan si un título fracasa se ven influidas a menudo por cosas muy sutiles muy por debajo de la línea de flotación. No creo que sea demasiado presuntuoso asumir, por ejemplo, que el triunfo actual del título de Grupo de Superheroes Adolescentes tiene mucho que ver con la actual sensación masiva de inestabilidad que impregna nuestra cultura, especialmente con respecto a las inestabilidades en la estructura familiar. Creo firmemente que tanto esto como la actual casi obsesión con una continuidad formal estricta son un tipo de respuesta amplia de una audiencia cuyas vidas reales son vividas en una continuidad mucho más incierta y compleja que cualquier cosa nunca sugerida en un tebeo. Creo que una de las cosas que busca el fan del cómic en sus épicas de crossovers multitítulos es algún tipo de sensación de orden cósmico que no encuentran en los titulares ni en las discusiones de sus padres tras el desayuno. No digo con eso que sea sano o necesariamente deseable cumplir este fundamentalmente escapista deseo. Yo me sentiría incómodo si la realidad imaginaria que les ofreciese a mis lectores fuese un elemento pacificador en vez de algo que les hiciera pensar sobre su propia realidad. Citaría Watchmen como un ejemplo de cómo es posible cumplir los requerimientos de una continuidad mucho más estricta y rígidamente definida que lo usual y a la vez hacer notar un aspecto relevante, con suerte, sobre el mundo real en el que los lectores viven.
Atendiendo a esto, hay un número de personas en la industria (y en mi opinión tienen un buen caso aunque no sé el modo correcto de ganarlo) que creen que es el momento de romper la continuidad e intentar librarse de las actitudes anales y obsesivas que se ha permitido dominen el mercado y en cierto grado lo han entorpecido con sus intentos periódicos de ser tomados en serio. Supongo que un brillante ejemplo de esto sería el Dark Knight de Frank [Miller] ****, que, aunque no parece molestarse en encajar en una continuidad labrada en piedra, sirve a la leyenda de Batman y redefine brillantemente al personaje para un público de los ochenta, y a nadie parece importarle cómo esto encaja en la continuidad por ser una historia condenadamente buena. ¿Morirá Jason Todd de verdad? ¿Dejarán todos los superhéroes la Tierra a Superman y sus amigos gubernamentales? ¿De verdad Oliver Queen perderá el brazo en una batalla con Clark Kent y se convertirá en un amargado terrorista urbano? ¿A quién le importa? Los lectores parecen lo bastante capaces como para aceptar que esto puede o no pasar en el futuro, sin preocuparse ni comerse las uñas hasta el codo por cómo la idea de posibles futuros alternativos encaja con la idea de Crisis de que hay sólo una corriente temporal sin posibilidad de pasados, presentes o futuros alternativos.

[Batman y el Joker, ambos en precario estado, en the Dark Knight Returns]
Bien… así que de un lado tenemos una audiencia sedienta de la estabilidad que una continuidad ordenada les da, y del otro tenemos buenas razones creativas para mandar la continuidad al garete en su totalidad. ¿Hay algún modo de que estas aparentemente contradictorias nociones puedan realizarse a la vez? Sí, creo que sí. Creo que es posible crear una serie limitada que reuniría ambas actitudes cómodamente y cumpliría todos los requerimientos que hemos mencionado sobre los crossovers de este tipo. Creo que podemos sacar una historia que, como Legends, arroje nueva luz sobre todos los personajes DC, y por contra no ejerza violencia a cómo sus creadores y actuales equipos creativos los manejen en sus propios títulos. Algo que una las hebras del Universo DC de un modo interesante y revelador, y al mismo tiempo quede lo bastante simple en construcción como para que las posibilidades de cualquier error en la continuidad del crossover disminuyan o se eviten por completo. Esto último es importante. Mirando el espíritu práctico de la situación con la intuición que Crisis nos ha permitido, es posible ver los varios problemas prácticos que han surgido y que no parecen susceptibles de solución mediante vigorosos debates entre las partes o facciones implicadas. Primero, habrá sin duda algunos escritores o artistas que no quieran mezclar sus historias con el crossover, lo digan o no. Hacerles “cruzar la frontera” si son reacios a ello o acomodarse en el hecho de que la mayoría de la gente, aunque no les guste la idea, lo hará para estar tranquila no es ser práctico al hablar de escritores y dibujantes. Si no están motivados por una idea, aunque es teóricamente posible forzarlos a adaptarse, no es posible asegurar que vayas a obtener de ellos nada mejor que una historia mediocre, abaratando por tanto el concepto global en cierto grado. Me parece mucho más factible sacar un concepto por medio del cual sea lo que sea lo que los escritores decidan hacer o no hacer en sus colecciones tenga relevancia en el crossover, lo pretendan o no. Si escogen implicarse activamente en el crossover, entonces bien. Si se niegan, entonces el mismo acto de negarse a tener que ver con el crossover se convierte en parte del argumento, sin ejercer ninguna violencia sobre la continuidad de las colecciones envueltas. Si la mecánica de cómo conseguir esto parece aún algo traída de los pelos en este etapa del desarrollo entonces os pediría que me aguantarais hasta después del perfil del argumento, donde intentaré demostrar cómo el perfil cumple los criterios que defino aquí, incluyendo la siguiente área pertinente en nuestra agenda después de cubrir las demandas de comercialidad y continuidad, las puras oportunidades creativas y peligros implicados.
Creativamente, hay un problema estético inmediato en el crossover multitítulo donde, en pocas palabras, es muy fácil dañar la credibilidad del entero universo poniendo ciertos personajes junto a otros. La Cosa del Pantano y Blue Devil vienen enseguida en mente, o el Sargento Rock y la Legión de Superheroes. En tales yuxtaposiciones, las costuras de la ilusión de realidad que intentamos construir se vuelven más aparentes, y algún pensamiento habría que dedicar a cómo evitar este efecto de distracción. También está la muy real posibilidad de que cualquier historia que implique a tantos personajes en algo más que forma superficial degenere en incoherencia y galimatías, convirtiéndose en una Babel de tebeo con poderes y orígenes y caracterizaciones difíciles de explicar rematados con una conclusión cósmica embrollada, algo de lo cual me temo fui víctima en mi reciente conclusión a “Crisis en el Cielo/American Gothic” en la Cosa del Pantano ***** y estoy ansioso por evitar repetir aquí. El lado más creativo de la ecuación depende más de los gustos y tendencias de la gente creativa envuelta, en este caso yo y quienquiera que consigamos que dibuje esto y trabaje conmigo. Por mi parte, hablando pura y subjetivamente de momento, lo que me gustaría hacer creativamente con la serie, por encima y más allá de la satisfacción creativa y de cumplir los criterios antedichos, es crear una historia que prestase al fenómeno superheroico, al cosmos y al concepto un contexto que fuera intensamente mítico y que extrajéramos de los personajes implicados hasta el último gramo de potencial mítico, proyectando y construyendo algo que cimente el vínculo entre los superhéroes y los Dioses de leyenda intentando algo tan directo y resonante como las leyendas en sí mismas. Una leyenda en particular será el principal impulso temático de la historia: la leyenda nórdica de Ragnarok, el crepúsculo de los Dioses.
Continuará en “La Historia en sí misma”
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Notas y aclaraciones:
* Secret Wars: Serie de doce números escrita por el entonces director editorial de Marvel, Jim Shooter, y dibujada (en su mayor parte) por Mike Zeck, en la que un compendio de héroes se enfrentaban a un conjunto de villanos en un planeta alienígena. La serie, aunque de cuestionable calidad, supuso un hito por ser el primer crossover masivo, creando la moda actualmente imperante de realizar al menos un crossover anual que afecte a todas las colecciones de una determinada editorial. Fue “pan para hoy y hambre para mañana”, ya que el considerable a la par que fugaz incremento en las ventas de las colecciones regulares durante los meses del evento contrasta con el leve pero perenne descenso en las ventas globales provocada por el hastío que los fans de siempre acabamos sintiendo tras varios años de ser víctimas de maniobras comerciales como esas, por no hablar de cómo se resiente la calidad de las series al obligar a los guionistas a adaptar sus planes a la última maniobra editorial. Hay que decir que precisamente uno de los aciertos de Moore en su propuesta es que evita ese tipo de presión a los creativos, curiosamente años antes de que las desventajas de este tipo de eventos fueran evidentes (incluso actualmente hay quienes no las ven); como de costumbre, Moore lo vio venir una década antes que el resto del mundo.

[Primer número de SW]
** Crisis: Moore se refiere a Crisis en las Tierras Infinitas, una maxiserie DC que, tomando y ampliando la idea de Secret Wars, tomaba todo el universo DC y lo remodelaba cambiando no sólo aspectos superficiales de las colecciones (como hacía Secret Wars al cambiar el traje de Spiderman o la formación de los 4F), sino todo el concepto de continuidad espaciotemporal en DC. A diferencia de Secret Wars, Crisis no ha envejecido particularmente mal, quizá debido a tener un guionista de verdad como Marv Wolfman (que no es un genio, vale, pero tampoco es un simple ejecutivo con infulas de escritor como Shooter) y, sobre todo, a la labor del siempre sobresaliente George Perez, dibujante cuyo talento y técnica sólo son igualados por sus cualidades como persona.

[La muerte de Supergirl en Crisis]
*** Aquí Moore hace referencia, si no me equivoco, a una de mis novelas preferidas: 1984, de George Orwell. Concretamente, es una referencia a que el pueblo olvidaba de forma selectiva aquellos datos que contrastaran con la imagen idílica, épica y perfecta que el gobierno, personalizado en el Gran Hermano, proyectaba. Dado que cualquier duda sobre la idoneidad del gobierno presidido por el Gran Hermano era más o menos una herejía social, los ciudadanos eran capaces de aceptar cualquier paradoja o contradicción derivada de la información gubernamental sin cuestionarla en lo más mínimo.
**** Batman: the Dark Knight Returns de Frank Miller. Para quien no lo haya leido, comentaré que es una de las obras imprescindibles del cómic americano de los 80, además de inaugurar (si no me equivoco) el famoso formato “prestige“.
Sentó las bases de una posterior remodelación no sólo de Batman sino de muchos otros héroes, adquiriendo un tono más sombrio y duro, aunque muy pocos autores supieron ver más allá de la superficie, y se limitaron a incrementar el nivel de violencia y dotar de uniformes visualmente agresivos y actitudes más violentas a los héroes, detalles estos que no garantizan la calidad ni la madurez de una obra, sino más bien todo lo contrario en la mayoría de los casos.
Recomiendo este cómic a quien aún lo desconozca, pues es quizá el mejor tebeo de Batman (a medias con La Broma Asesina del propio Moore).

[portada del tomo Batman the Dark Knight Returns]
Por cierto, esta serie cuenta con una secuela realizada también por Miller, The Dark Knight Strikes Again, que personalmente considero no sólo muy por debajo de la original, sino una tomadura de pelo y uno de los peores cómics que he leido.
***** La cosa del pantano fue la primera colección regular de la que se encargó Moore, suponiendo su desembarco en la industria yanqui, cuando la serie estaba tan mal de ventas que los editores pensaron que, antes de cancelarla, no estaría mal probar con algún escritor relativamente poco conocido, como lo era entonces Moore, dándole libertad creativa absoluta (más o menos) para que hiciera lo que quisiera con la colección; dicho y hecho, lo primero que pidió Moore fue que su comienzo en la serie se produjera con el protagonista muerto, y efectivamente su primer número fue el magistral “lección de anatomía“, narrada en su totalidad por el científico que hace la autopsia a la Cosa del Pantano.
Publicada en España por Zinco, Norma y ahora por Planeta, es una serie absolutamente recomendable para todo lector de cómic, especialmente si le gusta Moore o al menos el terror psicológico.
Por cierto, no estoy de acuerdo con su apreciación de American Gothic; para mí la saga en la que Moore creó ese estupendo personaje que es John Constantine figura entre las mejores historias “superheróicas” que he leido nunca, y curiosamente sus características bien podría haberlo convertido en crossover de haberse producido unos años más tarde (de hecho la editorial Marvel prácticamente lo plagió en Inferno).